Casi un 5% de los inmigrantes que residen en nuestro país presenta alguna discapacidad. En total, unas 225.000 personas cuya situación se ve agravada, en determinados casos, por la condición de ilegalidad. Carecen de tarjeta sanitaria, permiso de residencia y certificado de minusvalía. La mezcla de estos ingredientes da un combinado que impide el tratamiento de la discapacidad, dificulta el proceso de integración y obstaculiza, en consecuencia, el acceso al mundo laboral.
Al menos el 5% de los inmigrantes que viven en España tiene alguna discapacidad, según un estudio del Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI). El informe, editado por el Observatorio Permanente de la Inmigración, revela las dificultades de integración y la discriminación a la que se enfrenta este grupo, conformado por unas 225.000 personas.
Una de las principales conclusiones del estudio hace referencia a la relación entre inmigración, discapacidad y exclusión. Las personas extranjeras con alguna minusvalía se sienten, en ocasiones, doblemente discriminadas. Por un lado, las desventajas tienen origen en la propia condición de inmigrantes, pero además, se enfrentan a una situación de exclusión motivada por la discapacidad.
Apenas existen servicios especializados de atención para esta parte de la población y, cuando los hay, a menudo los beneficiarios lo desconocen. “Las relaciones de coordinación entre servicios son, en este caso, un elemento fundamental”, subraya el informe. También puede ocurrir que, aun sabiendo su existencia, la condición de ilegalidad impida acceder a la tarjeta sanitaria o certificado de minusvalía y, por lo tanto, al propio tratamiento.
Discriminación laboral
En el ámbito laboral, a las condiciones jurídicas de ilegalidad, que “dificultan el acceso a determinados derechos sociales mínimos”, se añaden las dificultades a la hora de encontrar un empleo. Ambas situaciones pueden determinar “condiciones laborales por debajo de los niveles mínimos”, ingresos suficientes y, en consecuencia, carencia de otros recursos como la vivienda.
El acceso a servicios básicos y universales queda limitado para este grupo. De hecho, según el informe, los inmigrantes con discapacidad “presentan muy bajos niveles de inserción sociolaboral, con altos niveles de precariedad”. Más de la mitad carece de empleo, frente al 26,1% de parados entre las personas españolas con discapacidad.
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