Un estudio realizado por científicos de la Universidad de Manchester ha puesto de relieve que la riqueza y la clase social de las personas mayores afecta más a su salud de lo que se creía hasta ahora. La pobreza condiciona, sobre todo, a la salud de los “mayores más jóvenes”, de entre 50 y 70 años, lo que justificaría la tendencia de los pobres a morir antes que los ricos. Otra importante conclusión es que la jubilación anticipada es saludable sólo para aquéllas personas que la deseen, porque para el resto puede significar un empeoramiento de la salud mental y física. Los investigadores señalan la importancia de conocer todos estos factores a la hora de preparar las políticas sociales, en un entorno social cada vez más envejecido.
La riqueza y la clase social tienen un impacto mayor de lo que se creía en la salud y el bienestar de las personas mayores, revela un estudio realizado en el Reino Unido.
La investigación ha sido financiada por el Economic and Social Research Council y llevada a cabo por el profesor de sociología James Nazroo, de la Universidad de Manchester, en colaboración con investigadores de la University College London y del Instituto de Estudios Fiscales inglés.
Para el estudio, cuyos resultados han aparecido publicados bajo el título “Inequalities in Health in an Aging Population: Patterns, Causes and Consequences” (desigualdades en la salud de la población anciana: patrones, causas y consecuencias), los investigadores utilizaron datos del English Longitudinal Study of Ageing, que recoge información sobre la salud, la posición económica y la calidad de vida de la gente mayor del Reino Unido.
Los pobres mueren antes
A partir de esta información, los científicos examinaron las interrelaciones entre las circunstancias económicas, sociales, psicosociales y de salud de los ancianos.
El objetivo del estudio era comprender con claridad el alcance de las desigualdades en salud en este grupo de población, los elementos determinantes para dichas desigualdades, y sus implicaciones en la productividad y en la participación social general.
En concreto, los investigadores buscaban definir cómo las desigualdades en la salud de las personas mayores están relacionadas con su posición económica y cómo dichas desigualdades varían en función de la edad, el sexo, la jubilación o la participación social.
Así, se descubrió que las personas mayores que pertenecen a grupos socio-económicos bajos mueren, como media, antes que sus iguales más ricos.
Por otro lado, las personas que proceden de clases socio-económicas más bajas, y las que tienen menos educación y riqueza, tienden más a padecer depresiones, y también trastornos crónicos, como la hipertensión, la diabetes o la obesidad.
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