En las empresas de alquiler, los vehículos adaptados para personas con minusvalías físicas son de gama media o alta. ¿Por qué? ¿Acaso no hay modelos económicos con caja de cambios automática? ¿Cómo se explica un espectro de oferta tan estrecho? Como en casi todas las cosas, esta particularidad del sector automotriz se reduce a un problema de costes. Al existir una variedad tan amplia de discapacidades y adaptaciones, no es posible estandarizar la fabricación, y si la demanda no supera las 80.000 unidades al año, no es rentable. Así lo resumen desde el departamento técnico de la Asociación Nacional de Fabricantes de Automóviles y Camiones (ANFAC), desde donde también señalan que, a diferencia de Estados Unidos, en España no hay una gran demanda de coches automáticos.
El IVA en la compra de vehículos que conduzcan o en los que sean transportadas personas con minusvalía es del 4%
ANFAC está en contacto permanente con las empresas transformadoras de coches a través de un Comité de Normalización, y es a estas compañías y talleres a los que encarga los trabajos de adaptación para personas discapacitadas. De cara a ese acondicionamiento, los fabricantes estandarizan todo lo que pueden pero, aun así, reconocen que los cambios terminan haciéndose por encargo. En opinión de esta asociación, ha habido importantes avances técnicos y, en la actualidad, “hay auténticas maravillas”. Eso sí, son diseños a medida. Las fábricas no los construyen porque, como dicen, van en contra de la producción en masa, que es lo que abarata los precios. De ahí que en España sí exista todo un mercado especializado en la adaptación de coches para salvar distintas minusvalías. Aunque el peso económico recae íntegramente en el propietario del coche que se va a modificar, y aunque muchas de las alternativas no son viables para todos los bolsillos, lo cierto es que hay soluciones para casi todo.
Entre los encargos más demandados y populares, los expertos destacan los siguientes:
Aceleradores mecánicos y electrónicos en el volante.
El proceso consiste en colocar un acelerador adicional -generalmente en forma de aro- sobre el volante para las personas con escasa o nula movilidad en los miembros inferiores. Según explican los mecánicos, estos dispositivos pueden adaptarse a casi cualquier marca y modelo de coche sin necesidad de sustituir al volante original.
Frenos a un lado del volante.
El concepto es muy similar al del acelerador, sólo que se coloca a un lado del volante para que pueda ser accionado con una sola mano. El frenado es gradual, según la fuerza con que se acciona la palanca, y ésta puede incluir un pulsador para el claxon. También hay el equivalente al freno de mano en forma de botón, pensado para quienes no tienen fuerza en los brazos.
Controles de servicios.
También situados en la zona del volante, estos dispositivos desempeñan varias funciones. Pueden cambiar la posición habitual de los controles (por ejemplo, del mando de los intermitentes o las luces) o aunar todos los controles en un único mando, de modo que un solo dedo alcanza para manejar todos los servicios del coche.
Inversores de pedales.
Este sistema permite cambiar de posición el acelerador, el freno y el embrague del vehículo; elevarlos, si la persona no puede presionarlos hasta el fondo, y colocarlos de forma que le sea más cómodo su manejo. Un caso muy común es situar el acelerador hacia el lado del embrague para que pueda ser pisado con el pie izquierdo.
Modificar un coche no es barato. Sin embargo, con la normativa vigente desde 2006, hay algunos desahogos fiscales. Hace tres años, la Comisión de Economía y Hacienda del Congreso aprobó reducir el IVA al 4% en la compra de vehículos que condujeran o en los que fueran transportadas personas con minusvalía. Hasta ese momento, la reducción sólo se permitía en determinados vehículos, y no era posible en los considerados de alta capacidad. Tampoco se aplicaba en los casos en los que los padres tenían que comprar un coche adaptado para sus hijos minusválidos. Pero, además de ese cambio, el impuesto también se redujo para las reparaciones y adaptaciones de cualquier vehículo para que pueda ser conducido por un discapacitado.
Aprender a conducir
Los principales clientes de los “talleres transformadores” son los interesados particulares -personas con discapacidad o familiares directos-, junto con las autoescuelas, que requieren de estos servicios para todos los coches que manejan. Paradójicamente, no todas las academias de conducción contemplan cursos especiales para minusválidos. Si COCEMFE apuntaba ya los problemas a la hora de alquilar un vehículo, en este apartado añade que hay pocas autoescuelas en España que incluyan cursos específicos para discapacitados físicos, y menos todavía que se dediquen exclusivamente a ellos.
Algo bastante habitual es que una autoescuela que no posee coches propios adaptados sí acceda a dar clases a alguien con discapacidad, a condición, por supuesto, de que el aprendiz ponga su coche a disposición. A primera vista, esto resuelve el problema de la escasez de centros especiales. Sin embargo, el cliente debe invertir en un vehículo sin tener garantías de que aprenderá a conducirlo. Esta situación ha provocado que algunas organizaciones de apoyo a las personas con discapacidad compren vehículos modificados y se los presten a las autoescuelas para las clases prácticas. Además de los coches, también se “ceden” profesionales; por ejemplo, intérpretes encargados de traducir al lenguaje de signos las clases teóricas que se imparten en los centros.
Para poder circular, los vehículos deberán pasar la ITV tras ser adaptados
Dentro de las distintas fórmulas que hay para atender la demanda de aprendizaje, en el otro extremo de esta línea están las autoescuelas que se han especializado en el sector y se dedican exclusivamente a dar clases a personas con discapacidades físicas. En estos casos, sí están muy preparadas, tanto en material gráfico y teórico, como en la infraestructura de su parque de automóviles para realizar las prácticas. El problema estriba en que son pocas y no hay en todas las comunidades autónomas. En cualquier caso, es indispensable informarse de manera exhaustiva sobre los servicios de cada centro y sobre los requisitos específicos que exige la DGT.
A modo de orientación, para obtener el carné de conducir se debe solicitar primero un informe médico en un centro reconocido y autorizado por Tráfico. Una vez hecho ese trámite -ineludible para todo el mundo-, hay que presentar el examen ante la DGT. Allí se estudiará el caso antes de derivarlo a un médico autorizado, quien se encargará de emitir un dictamen positivo o negativo sobre la capacidad física del interesado para poder conducir. Otra cuestión importante que se ha de tener en cuenta es que los vehículos, tras ser adaptados, deberán pasar la ITV para poder circular. En el momento de hacer el control, el propietario deberá presentar el permiso de circulación, el certificado médico y la ficha técnica del coche en donde se detallen las modificaciones realizadas.
Un artículo publicado en Consumer